sábado, 7 de maio de 2005

Que siga la samba en Barcelona.

”Siempre”. Así responde Erika – no Erika- De Souza cuando le preguntamos si, como dijo en una entrevista hace dos años, sigue jugando con alegría. Con 23 años, la pívot brasileña selló el pase del UB Barça a la final de la Liga Femenina gracias a su partidazo en Salamanca – apenas tuvo que sudar la camiseta en el segundo-, actuación que supuso una doble confirmación: que la rotura de fibras en sus gemelos era historia (“me encuentro al cien por cien”) y que en el cielo se encuentra el límite de su talento y poderío en la zona.

Su temprano desarrollo físico encaminó a Erika de Souza a todo tipo de deportes, especialmente el “el balonmano y el voleibol”, hasta que en el baloncesto se encontró a sí misma. “Estoy muy feliz con lo que me ha dado este deporte”, comenta De Souza, que este año ha coincidido con varios personajes clave en sus inicios al basket.

“Helen Luz es una amiga para toda la vida; coincidimos en Rio de Janeiro y en Barcelona me ha ayudado en mucha cosas, por ejemplo para entender mejor a mis compañeras y a mi entrenadora. También tengo mucho respeto por Maria Helena Cardoso; es mi segunda madre por que en Sao Paulo fue clave en mis primeros pasos como jugadora”

Erika, que ya acapara títulos como si de una estrella veterana se tratase, desea más que nunca colgarse una medalla olímpica, pero ahora su mayor anhelo es el de ganar la liga con el Barça. “Me encanta la ciudad; aquí vive una gran comunidad brasileña, ya hace calor y la playa está tan cerca...”. Allí podrá sus doce tatuajes –“El primero que me hice a los dieciocho años es aún mi preferido; uno de Bugs Bunny; todavía me quedan dos para llegar a catorce, mi numero de la suerte”- y siete piercings, quizá con el titulo de liga en su bolsa playera junto a las gafas de sol y una revista de basket.

Fonte: Prodep

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